
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¡Las palabras que lanzo no me salvan!
Mi Dios, de día llamo y no me atiendes, de noche, mas no encuentro mi reposo.
Soy un gusano y ya no hombre; los hombres de mí tienen vergüenza y el pueblo me desprecia.
Todos los que me ven de mí se burlan, hacen muecas y meven la cabeza.
No te alejes de mi que la angustia me cerca y no hay nadie que pueda ayudarme.
Me rodean novillos numerosos y me cercan los toros de Basán.
Amenazándome abren sus hocicos como leones desgarran y rugen.
Soy como el arroyo que se escurre, mis huesos se han descoyuntado, mi corazón se ha vuelto como cera, mis entrañas se derriten.
Mi garganta está seca, al paladar mi lengua está pegada.
Como perros de presa me rodean, me acorrala una banda de malvados.
Han lastimado todo mi cuerpo.
Él sabe del miedo, Él te entiende cuando tienes miedo, Él lo sintió en carne propia, para eso se volvió carne, cuando tengas miedo , ese miedo en el que nadie te entiende, nadie te da la mano, platica con Él, nadie te comprenderá mejor.
